CDMX Señalética

En 1969 se inauguró el metro de la Ciudad de México. El diseñador estadounidense Lance Wyman —con la participación de los mexicanos Arturo Quiñones y Francisco Gallardo— creó imagotipos que identifican cada estación. Hoy este sistema visual tiene casi seis décadas funcionando en el metro, metrobús, tren ligero, cablebús, trenes suburbanos y diferentes líneas de autobuses. 

Meshíko-Tenochtlitlan persiste con sus 700 años de vida en las diferentes capas de vida de la Ciudad de México. Cada persona tiene una bitácora personal para explicar sus conexiones con CDMX. Mi mapa vivencial comienza en el año 1168 de nuestra era—estación Culhuacán: inicio de la migración de los aztecas rumbo a la tierra prometida— hasta la Cineteca Nacional de Chapultepec, inaugurada en 2024 con su estación de cablebús.

1. Culhuacán

—El imagotipo de la estación Culhuacán (línea 12 del metro) recuerda el inicio del viaje de los aztecas a su futuro prometido. El primer folio de la Tira de la peregrinación —o códice Boturini— muestra una montaña jorobada con una caverna; allí Huitzilopochtli —su cabeza rodeada por un pico de colibrí ordena a los aztecas que emigren para encontrar su sitio como pueblo elegido; el año del inicio de la peregrinación, Uno-Pedernal, corresponde al año 1168 de nuestra era. Colhuacan significa en náhuatl «el lugar de los antepasados» o «el cerro torcido» —por asociación fonética con colli: «abuelo» o «jorobado»). El mito se enlaza con la versión histórica: Aztlan —«lugar de garzas»; «lugar de blancura»— pudo ubicarse en Nuevo México, Sinaloa (¿Culiacán?) o algún otro lugar del desértico norte.

Más adelante la Tira de la peregrinación vuelve a mostrar el glifo Colhuacan pero sin la caverna mágica ni el dios solar de la guerra, Huitzilopochtli. Allí el glifo representa una ciudad real (altépetl) en la península de Iztapalapa. Durante la migración, el gobernante Coxcoxtli («El faisán») encarceló a los mexicas —antes aztecas— durante varios años, antes de que construyeran la poderosa Meshíko-Tenochtitlan en un islote del lago de Texcoco. Hoy el pueblo de Culhuacán forma parte del área metropolitana de la Ciudad de México, pero el imagotipo de la estación del metro recuerda el mito fundacional mexica.

2. Mixiuhca

Los códices prehispánicos convivieron con la escritura europea hasta el siglo 1700. Durante ese periodo el náhuatl fue lingua franca entre los pueblos indígenas. El Códice Azcatitlan, por ejemplo, fue elaborado en algún momento entre 1550 y 1700; conserva la tradición visual prehispánica pero también incorpora palabras en castellano. La lámina XII del Códice Azcatitlan narra la fundación de Mixiuhcan: pueblo de pescadores en un islote del lago de Texcoco. Aparece una mujer noble; su condición es representada con el peinado «de cornezuelos» y el tochómitl: costoso bordado de vientre de conejo que se usaba sobre el huipil. La mujer señala el nacimiento de su hijo: en la parte superior de la imagen aparece una cuna «occidental» que protege al bebé. Mixiuhcan significa «el lugar donde parió la mujer»: el Códice Azcatitlan se refiere a un momento de la peregrinación mítica en que los mexicas huían de sus enemigos pero tuvieron que detenerse porque una princesa dio a luz.

El área metropolitana de la Ciudad de México devoró el pueblo en la década de 1950; en lugar de chinampas y un lago vivo, la urbanización salvaje desecó los terrenos para convertirlos en el autódromo Hermanos Rodriguez y la zona deportiva Magdalena Mixiuhca. En 1987 se inauguró la línea 9 del metro; el nombre original de la estación era Francisco del Paso y Troncoso debido a la avenida más importante en superficie. Los habitantes del pueblo defendieron el nombre Mixiuhca junto con la ortografía del náhuatl y su «h» aspirada. En el andén norte hay un bajorrelieve monumental que reproduce la lámina XII del Códice Azcatitlan. El imagotipo reinterpreta en clave contemporánea la visualidad del códice al dividir el diseño en cuatro cuadrantes simétricos, combinando con acierto propuestas ortogonales, superficies curvas y diagonales a 45°.

3. Pantitlán

Pantitlan [“entre banderas”] nombra el sitio de un “sumidero” (o “manantial” o remolino) que causaba naufragios en el lago de Texcoco. Las banderas estaban allí para evitar la navegación por ese sitio; había ceremonias para honrar a Tláloc y evitar inundaciones en Tenochtitlan y las ciudades de la ribera. Fray Bernardino de Sahagún recoge la imagen de Pantitlan en su Códice Florentino (1577). Hoy es difícil imaginar la riqueza natural de ese territorio lacustre y la manera en que los mexicas decidieron lidiar con estos flujos poderosos.

4. Zócalo

En cualquier país dicen «plaza de armas»: en CDMX preferimos «zócalo». Antonio López de Santa Anna —en alguna de las once ocasiones en que fue Presidente de México— ordenó la construcción de un monumento conmemorativo; en 1842 se terminó la base o pedestal (zócalo) pero no se concluyó el monumento. Las personas se citaban «en el zócalo» convirtiendo este lugar en metonimia nacional: no se referían a un proyecto terminado, sino simplemente a la intención de realizarlo. El dominio de las palabras sobre los hechos —los planes grandilocuentes sobre los hechos verificables— perduró 150 años en el colectivo nacional. Y se exportó fuera de la cuenca de México: hoy otras ciudades del país usan igualmente el término «zócalo» aunque en su plaza de armas nunca haya existido un monumento inconcluso.

El imagotipo de la línea 2 del metro simboliza la fundación de Meshíko-Tenochtitlan. Lance Wyman conservó el nombre perfecto para la estación de metro —no «Catedral», no «Palacio Nacional», sino «Zócalo»—. En otra decisión aún más genial, la imagen de la estación replica el escudo nacional mexicano que es, a su vez, una reelaboración del mito fundacional mexica.

La lámina IV de la Tira de la peregrinación muestra el primer sacrificio: Huitzilopochtli —dios solar de la guerra en forma de águila— ordena a sus seguidores que sigan buscando el lugar prometido. Los mimixcoas  —seres que se convertirán en estrellas después de su muerte— son sacrificados sobre unas biznagas. A partir de ese momento los sacrificios humanos se convierten en institución y los aztecas adquieren el gentilicio de mexicas.

Tenochtitlan significa «el lugar donde el nopal crece entre las piedras», pero Tenoch (o Tenochtli) también es el nombre del sacerdote que fundó la ciudad en 1325. Según el mito fundacional de Meshíko-Tenochtitlan, el nopal surge del corazón sacrificado de Copil, un disidente. Y la profecía asegura que el nombre del sacerdote Tenoch quedará unido para siempre a Huitzilopóchtli, el dios solar de la guerra que desciende al nopal para proteger a su pueblo elegido, los mexicas, la «gente del sol».

No hay serpiente en el mito mexica. El Teocalli de la guerra sagrada, un monolito tallado en 1507, es la única pieza arqueológica mexica que sobrevivió la Conquista. Allí el águila no sostiene una serpiente, sino el glifo atl-tlachinolli —«agua quemada»— oxímoron que representa la guerra. Códices elaborados después de 1521 no muestran ninguna serpiente —como el códice mendocino— o en lugar de una serpiente muestran un ave —como el códice Tovar.

El Estado mexicano asumió la imagen de un águila real devorando una serpiente de cascabel a partir de la consumación de la Independencia en 1821. Muy probablemente la inclusión de la serpiente fue un añadido cristiano al mito mexica con las connotaciones negativas adjudicadas por el Antiguo Testamento. Y por supuesto fue purgada la conexión del águila con el feroz dios Huitzilopochtli y su hambre de corazones humanos. Así aparece este nuevo mito fundacional en las fachadas de Vizcaínas y Correos.

Después de diversas modificaciones, el escudo nacional fue rediseñado en 1968 por Francisco Eppens Helguera, quien le otorga una postura más erguida al águila y utiliza un trazo diferente. La forma actual del escudo nacional presenta al águila de perfil; rompe la uniformidad de las plumas para otorgar dinamismo al ave y presenta una riqueza de texturas ausentes en las versiones precedentes del escudo nacional. De manera muy interesante en 2021 el nuevo billete de 50 pesos retoma el glifo original atl-tlachinolli en su iconografía.  

El imagotipo de la estación Zócalo el metro reconsidera la función de este lugar mítico como eje de simetría del país; el axis mundi de la antigua Meshíko-Tenochtitlan convertida en la zona cero que desde hace medio milenio escribe la Historia del Altiplano. La historia oficial —se entiende: los mexicas destruyeron códices antiguos para plasmar su propia versión mítica con nuevos glifos, mientras que los gobiernos posteriores a la Independencia han decretado su verdad oficial en documentos que pueden corresponder —o no— con la realidad de los ciudadanos.

5. Isabel la Católica

El imagotipo de Isabel la Católica (línea 1 del metro) se refiere a la calle más cercana a la estación, ubicada sobre la avenida José María Izazaga, en el centro histórico de la Ciudad de México. La imagen simétrica alude a una carabela gracias a tres superficies horizontales que representan las velas del barco, más otra silueta en la mitad inferior de la imagen que reproduce el característico casco de una carabela. Sabemos desde la primaria que en 1492 la Reina Isabel I de Castilla (1451-1504) expulsó a los árabes de España, unificó la península y patrocinó la exploración de Cristóbal Colón para que atravesara el Atlántico, iniciando un imperio en donde nunca se ponía el sol. Colón utilizó para su viaje una nao (la Santa María) y dos carabelas más compactas y ligeras: la Niña y la Pinta.

El imagotipo gana en dinamismo al sugerir el tránsito desde la derecha de la imagen, en oposición al sentido normal de la escritura —la proa indica que la carabela navega hacia la izquierda— logrando pregnancia para la propuesta. El diseño elegante y lúdico de Lance Wyman, Arturo Quiñones y Francisco Gallardo (1969) incorporó el distintivo fondo en «rosa mexicano» —popularizado internacionalmente por el arquitecto Luis Barragán— para inaugurar una nueva época en el diseño señalético mundial.

La estación Isabel la Católica se ubica muy cerca de la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ), fundada en el ex convento de San Jerónimo, sitio donde vivió la escritora, poeta y filósofa novohispana Sor Juana Inés de la Cruz durante 25 años —1669 hasta su muerte en 1695 como monja jerónima—. La UCSJ fue fundada en 1979: es una institución laica, humanista y sin fines de lucro con énfasis en las humanidades que realiza sus actividades académicas en un entorno vibrante al sur del centro histórico de la Ciudad de México, en el límite de la antigua Meshíko-Tenochtitlan con el desecado lago de Texcoco. La iglesia franciscana dedicada a la Virgen María —la Reina de los Cielos, Regina Coeli— conserva excelentes retablos barrocos y nombra la calle de Regina: sitio con cafés, murales y una notable vida cultural.

6. Velasco

El imagotipo de la estación Velasco (línea 1 del Metrobús) representa un cono nevado. El pintor mexicano José María Velasco (1840-1912) representó el volcán Popocatépetl como un elemento central en la construcción del paisaje nacional mexicano. En obras como “El Valle de México” (exhibida en el Museo Nacional de Arte), el volcán es punto de referencia geográfico y compositivo, lo que demuestra su interés por integrar la topografía real del país en sus pinturas. Velasco realizó estudios científicos de geología y botánica, lo que le permitió representar con precisión las formas del relieve y la vegetación circundante. En varias composiciones, el Popocatépetl aparece junto al Iztaccíhuatl y con los lagos que aún rodeaban la Ciudad de México a finales del siglo XIX, dotando al paisaje de una nueva dimensión nacionalista. La luz y la atmósfera, constantes en distintas versiones de la Cuenca de México, muestran el interés por capturar condiciones climáticas específicas, lo que refuerza la idea de un paisaje observado y estudiado en profundidad, no idealizado. Así, el Popocatépetl en la obra de Velasco funciona como testimonio de una mirada científica, artística y nacionalista sobre el territorio. #popocatepetl #josemariavelasco #coyoacan

7. Universidad

El imagotipo de la estación Universidad (línea 3 del metro) alude al escudo de la UNAM (1920) creado durante el rectorado de José Vasconcelos. El diseño despliega un mapa que va desde el río Bravo hasta Cabo de Hornos plasmando la unificación latinoamericana. El diseño del imagotipo elimina la leyenda “Por mi raza hablará el espíritu” que expresa la convicción de una cultura latinoamericana con voz propia, espiritual y libre, capaz de contribuir al mundo desde su diversidad. El lema de la Universidad Nacional es premonitorio de “La raza cósmica” (Vasconcelos, 1925): “Nuestro continente nuevo y antiguo, predestinado a contener una raza quinta, la raza cósmica, en la cual se fundirán las [razas] dispersas y se consumará la unidad”. Un águila mexicana y un cóndor andino protegen el hemisferio latinoamericano indicando su carácter distintivo; sin embargo, el águila bicéfala tenía ya mil años de tradición europea simbolizando imperios monárquicos. El escudo se apoya sobre una representación de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, elementos identitarios de la Ciudad de México, así como un nopal en posición similar a la implementada en la bandera nacional. #unam #josevasconcelos #razacosmica 

Glifos en el metro: señalética del transporte público CDMX | La Ciudad de México cuenta con un sistema visual único en el mundo: más de 500 símbolos priorizan los topónimos nahuas, resignifican los códices prehispánicos y refuerzan la identidad urbana | 2022 español

Glyphs in the subway | ENG | ESP | 22min | Mexico City has a unique visual system in the world with more than 500 symbols: a graphic emblem (imagotype) identifies each subway, metrobus, streetcar and cablebus station.

She-Nawatl | ESP | ENG | 32min | Nahuatl is a beautiful, agglutinative and very poetic language, spoken by 1.6 million Mexicans, and present in the names and graphic designs of Mexico City’s public transportation. 

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